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Los inicios de la inmunoterapia
Se estima como el comienzo de la inmunoterapia, cuando Edward Jenner (boticario y cirujano inglés de Berkeley) descubrió la primera vacuna contra la viruela en 1796. La vacuna consistió en "enseñar" "educar" exitosamente al sistema inmune para luchar contra una infección peligrosa específica.

Edward Jenner, observó que las mujeres que trabajaban en la ordeña, no enfermaban de viruela. A partir de este hecho dedujo que debían haberse contagiado con viruela vacuna, bastante más leve que la humana, y por lo tanto quedaban protegidas (inmunes) ante la viruela humana.

En 1909 Paul Ehrlich afirmó que la incidencia del cáncer y otras enfermedades serían mucho mayor si no fuera por la capacidad del sistema inmunológico de eliminar e identificar las células tumorales recién divididas. Este descubrimiento puso al sistema inmune como el actor central en la de defensa del organismo contra enfermedades, tumores y organismos extraños.

50 años después, Lewis Thomas y Frank MacFarlane Burnet, demostrarían que un tipo especial de célula inmunitaria -la "célula T"- es el guardián principal en la respuesta del sistema inmune contra el cáncer, acuñándose la expresión "vigilancia inmune" que describe la alerta permanente del sistema inmunitario contra las células cancerosas.


¿Qué es la inmunoterapia?
La inmunoterapia es el tratamiento mediante la manipulación, activación o estimulación del sistema inmune para lograr la cura a través de una respuesta inmunológica contra una enfermedad determinada.

A grandes rasgos, significa estimular el sistema inmune de los pacientes para lograr una reacción "natural" contra los patógenos que provocan la enfermedad.


Sistema Inmune
El sistema inmune defiende al organismo contra sustancias extrañas que ingrese a él y que puedan dar origen a enfermedades. Una de las características más sorprendentes del sistema inmune, es que tiene la capacidad de aprender y a guardar en su memoria las propiedades de sus enemigos.

Esto significa que cuando el organismo es expuesto a una enfermedad, guardará en su memoria esta información para utilizarla a futuro, dando una respuesta rápida e impidiendo nuevamente el desarrollo de la enfermedad.


Vacunas
Una de las formas más comunes de la inmunoterapia son las vacunas, que han permitido el control y en muchos casos la erradicación de enfermedades que provocaban grandes cantidades de victimas o lesiones permanentes a quienes sobrevivían, como por ejemplo el sarampión y la viruela.

La respuesta inmune: defensa natural del cuerpo
La respuesta inmune es como el organismo se defiende contra sustancias extrañas que lo invaden ocasionando infecciones o enfermedades. Este es un complicado proceso, involucrando los esfuerzos coordinados de diferentes tipos de células sanguíneas blancas.
Las ilustraciones siguientes describen el proceso mostrando como el sistema inmune destruye los virus.

   

La respuesta inmune comienza cuando una célula sanguínea blanca (macrófago) encuentra un virus y lo ingiere.

Mientras otros virus buscan células cercanas para infectarlas.

   
El macrófago digiere el virus, colocando partes del virus llamados antígenos en su superficie. Las células cercanas se han convertido en células infectadas por el ataque de los virus.
   
Las células auxiliares T, otra clase de células sanguíneas blancas, reconoce ahora el antígeno mostrado y se liga al macrófago.
   
Esta unión estimula la producción de sustancias químicas, (como la interleukina-1 (IL-) y el factor de necrosis tumoral (TNF), por parte del macrófago, y la interleukina-2 (IL-2) y el gamma interferon (IFN-y) por las células T) lo que permite la comunicación intercelular.
   
Como parte de un proceso continuo, la IL-2 instruye a otras células auxiliares T, y a una clase diferente de células T, las células asesinas T, para multiplicarse. Las proliferantes células auxiliares T en turno liberan sustancias que causan que las células B se multipliquen y produzcan anticuerpos.
   
Como parte de un proceso continuo, la IL-2 instruye a otras células auxiliares T, y a una clase diferente de células T, las células asesinas T, para multiplicarse. Las proliferantes células auxiliares T en turno liberan sustancias que causan que las células B se multipliquen y produzcan anticuerpos.
   
Las células T asesinas comienzan a provocar hoyos en las células anfitriónas, es decir, que han sido infectadas por virus.
   
Los anticuerpos liberados por las células B se unen a los antígenos en la superficie de los virus que flotan libremente. Al tiempo que hacen más fácil para los macrófagos la destrucción de los virus, la unión avisa a componentes de la sangre llamados complementos para perforar hoyos en los virus.
   
Finalmente, mientras la infección es controlada, las células T y B activadas son desconectadas por células supresoras T. De cualquier forma, algunas células memoria permanecerán para responder rápidamente si el mismo virus ataca otra vez.
   
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